domingo 30 de diciembre de 2007

-. Eres una cabezota, Dulce.
-. Está bien, tú ganas, soy cabezota, testaruda y orgullosa. ¿Algo más?
-. No te enfades, no es eso lo que busco.
-. Deja de decirme entonces lo mala que soy.
-. No he dicho que seas mala.
-. Pero lo piensas.
-. Ni siquiera se me pasó por la cabeza. Solamente creo que deberías hablar con él.
-. ¡Ni muerta! Si quiere algo ya sabe donde encontrarme.
-. Después llorarás por los rincones.
-. No lo verán tus ojos...

Y no puedo comprender...


No volveré a sentir un solo dedo tuyo sobre mi piel. No te dejaré tocarme nunca más, ni despierto ni en sueños.
Acabarás por ser un simple recuerdo, un triste error, una imprecisión de cálculo.
No me permitiré entrar en el nuevo año con las alforjas cargadas de errores pasados.
¿Y que error es mayor que el amor?

miércoles 3 de octubre de 2007

Ingrata.

Cuando eres una mujer segura de ti misma, cuando no te dejas engañar, cuando no accedes a lo que los demás esperan y desean de ti, entonces eres una ingrata. Alguien que no sabe devolver lo que otros hacen por ella, que solo vive su vida y no piensa en los demás.

Si ser yo misma, si vivir mi vida como a mi me guste, si tratar de ser feliz sin hacer daño a nadie es ser una ingrata, sí, lo soy.

martes 2 de octubre de 2007

Dulce.

Dulce. Así me llamaron. Y mis padres aún no pudieron recuperarse del susto al encontrarse ante ellos la persona que menos honor podía hacer a su nombre.
No soy dulce, no, no busques en mí palabras azucaradas, porque no las encontrarás, no trates de aspirar un edulcorado olor a caramelo, no creas que mis dedos acarician como el algodón de azúcar. No, no soy dulce,
Tan solo soy un error, un triste error de mis padres.